sábado 27 de febrero de 2010

Escepticismo


"Hablar de amor: imposible. Intentar hablar de amor es redundar; es equiparable a caminar sobre las letras marcadas por otros; es caer en ese lugar común de Día de San Valentín”, pensando esto, borré lo escrito y apagué la computadora.
Pero como dicen: el daño estaba hecho.
A mitad de la noche, me desperté preguntándome porqué siempre evado escribir sobre el tema. Luego de pensarlo, encontré que la razón es la connotación que tiene para mí: lo asocio al amor de pareja. Ese “para siempre” de final de cuento de hadas. La idea comercializada. El concepto que se maneja en febrero, tan cercano a la fantasía y tan alejado de la realidad.
Desde niños nos venden la idea del amor –ése de las tarjetas con corazones- y va, más o menos, así: conoces a tu perfecta mitad desde la infancia, mágicamente se enamora de ti, se hacen novios, te gradúas, se casan, tienen hijos, envejecen juntos y, por consiguiente, viven felices para siempre.
¿Pasa? Sí, sí pasa; conozco ejemplos envidiables. Pero, ¿para todos? No, no para todos.
Es posible que conozcas a esa persona, que sean capaces de entenderse, quererse, que hasta unan sus vidas y después… nada. ¿Desilusiona? Claro. Pero, ¿de quién es la culpa? Tuya, de ambos, de la vida, las circunstancias: de todo un poco.
No debemos olvidar que el amor justifica –de ahí que digan que “el amor es ciego”-; el amor es un “ilusionista” que adecua la realidad a lo que quiere y se niega a ver que en algún momento puede sufrir una metamorfosis. Cambia. Y nada genera más miedo que el cambio.
He visto ese miedo convertir en ostras a muchos de mi generación; una generación con ideas propias y con una voz que resuena firmemente, pero una generación de almas solitarias. ¿Por qué? La única respuesta que encuentro es ese temor a sufrir, a perder la libertad, a no realizarse. Pensamos que siempre habrá tiempo y que ahora no es el momento.
El amor envuelve una realidad compleja: implica dejar de lado el egoísmo para pensar en la otra persona y, al mismo tiempo, intentar conservar nuestra propia esencia.
Un proceso difícil, de ajustes continuos. De jalar y conceder. Un laberinto lleno de obstáculos en el que es necesario la ayuda mutua; un proceso donde en ocasiones, se pierde y se sufre, pero también se gana. ¿Cuánto? Eso dependerá del grado de compromiso que tengamos en la relación, qué tanto estemos dispuestos a otorgar en su beneficio.
Pero pongámonos pesimistas: ¿Quiere decir esto que se debe dar menos para que el sufrimiento sea poco? No lo creo, es justo al contrario: nada es gratuito. No lo es el amor, ni tampoco el crecimiento.
Por otra parte, vivir el día a día y no tener con quién compartir lo que piensas, lo que anhelas, lo que descubres, es comparable a no vivir en lo absoluto.
Se debe entender que no hay relación fácil. Quien va por la vida jactándose de tener una relación perfecta, miente. Los ajustes son complicados, ceder cuesta; como en el ejercicio: si no duele, no sirve; en el amor: si no duele, al menos un poco, es que nunca se ha entregado todo. Y, al no hacerlo, habremos desperdiciado la oportunidad de conocerlo y quizá de, finalmente, encontrarlo.


Alisma De León
Artículo publicado en La Quincena 76; Febrero de 2010

13 comentarios:

Djini Domina Venti dijo...

De acuerdo y no de acuerdo...a veces es necesaria la soledad.

Coincido en gran parte de lo que dices, pero sì estoy firmemente convencida de que a veces, requieres de periodos de soledad, para reencontrarte y a veces hasta para volvera nacer...

Me gustò mucho.

Alisma dijo...

¡Hola!

Uy, es que la soledad es un tema totalmente aparte. La soledad es básica para tomar decisiones importantes, para encontrar ese pequeño espacio en el cual el mundo entero guarda silencio y eres capaz de escucharte.

Sí, yo también la disfruto mucho, pero sólo por momentos.

Un abrazo y bienvenida ;)

Djini Domina Venti dijo...

Gracias.
Bueno, entonces creo que andamos al revés tù y yo, jajaja. Me parece que o debo creer más en el amor, aunque no soy tan aventurada para decirte que tú deberìas creer màs en la soledad.
Lo que sì de verdad no creo es que una vida sin alguien con quièn compartirla, no vale la pena, no todos tenemos la fortuna o suerte de encontrar a nuestro par y eso no significa que tu lucha sea menos vàlida.

Alisma dijo...

Hello again:

No, por supuesto que no es menos válida, eso nunca lo diría. Créeme.

Desconozco si creo en el amor más o menos que tú (de repente, yo misma me admito una escéptica). Sé que he creído y me he llevado tropiezos inmensos y sumamente dolorosos, aunque no por eso pienso que la soledad absoluta sea lo mejor. La que disfruto enormemente es la soledad relativa -esa de a ratos-, de verdad, hay momentos en el día en los cuales, si no me aíslo un poco, temo por mi cordura.

Creo firmemente en la dicha de compartir mis pensamientos (con una persona especial, que bien puede ser mi pareja o una simple amiga); creo que para nutrirnos no hay fuente más poderosa que el contacto con otros. Pienso que si no tuviera la oportunidad de contrarrestar mis opiniones con alguien -como contigo en este instante- mi capacidad de reflexión sería chiquitita (que tampoco es que sea muy grande, ji), esto, porque me quedaría únicamente con mis alcances, sin el gozo de ampliar mi panorama con el pensamiento de los demás.

No sé, justo a eso me refiero con que si no tenemos con quién compartir lo que pensamos o descubrimos es casi como no vivir en lo absoluto; como si todo lo que pensamos, al no expresarlo, corriera el riesgo de desaparecer con nosotros algún día. Nota adicional: creo que esto es justamente lo que me mueve a escribir y me hace temer un poco esa soledad absoluta.

Y claro, si se tiene la fortuna de que esa persona sea tu pareja, pues imagínate lo que sería: maravilloso, ¿no crees?

Pero bueno, al menos en esa búsqueda, yo no pienso darme por vencida. Espero tú tampoco lo hagas.

¡Válgame! Creo que ya me excedí...

Un abrazote ;)

jaud dijo...

El escepticismo inicial, al final te lleva a un amor altruista, al amor que pide darlo todo, no importa si no no ses devuelto, pero como dices, no hay otra forma de encontrarlo. Un abrazo fuerte, me encantó.

Alisma dijo...

Hola, Jaud:

Y cuando has tropezado provoca un poco de miedo, ¿verdad? Pero sí, supongo que no hay otra forma de encontrarlo.

Un abrazo ;)

Yarko dijo...

Mmmm, mi opinión personal:

Yo creo que la desilusión, el no creer, los tropiezos dolorosos o el miedo, vienen porque nos aferramos obcecadamente a un estereotipo pasado de moda acerca del amor.

Esto es: si el mundo ha cambiado, es natural que las relaciones sociales cambien de la misma manera, con el mismo vértigo, con la misma intensidad y rigor.
Pero aún queremos seguir entrando a una relación amorosa con ese mismo ánimo arcaico y posesivo (según yo) de "tú eres mío", "tú eres mi media naranja", "el verdadero amor es para siempre", para caer irremediablemente en el "si me amas, haces lo que yo te diga" (demanda imprescindible del dominador y el sometido).

Eso era común y posible antes, cuando no contábamos con una inmensidad tan grande de satisfactores que pudieran "sustituir" al amor; cuando lo correcto era "aguantarse" ante el desamor; cuando podíamos simular el "siempre" con una casa grande, dos chamacos y un perro en el jardín.

Al amor de pareja hay que entrarle sin la presión del siempre, es más, incluso con la conciencia de que se puede acabar.

Si el amor de pareja tiene que ver con muy específicos procesos químicos cambiantes, que propician primero la pasión y luego el apego; y estos están inmersos en marcos de referencia y expectativas muy personales (psicológicas, sociales y económicas); y si le sumamos que esto va por partida doble, por cierto muy pocas veces coincidente...
... entonces (parafraseando a Sor Juana) ¿porqué quereis que el amor cumpla si lo incitais (condicionas) al mal (de maneras tan diferentes)?

Acepto y hasta me gustan los tiempos que me han tocado vivir. El amor es así. Ahora viene en muy diferentes presentaciones y duración...

Soy yo el que me extendí ahora, supongo que a manera de auto-explicarme mi posición. De algo servirá. Muy buena semana Alixma.

YARKO

Palomilla Apocatastásica dijo...

Amor mhhh. Amor, amor. ¡qué palabra tan difícil! Pero es que indiscutiblemente asociamos el amor con la pareja...¿por qué?
¿Acaso el amor hacia los hijos es menos amor? Creo que a final de cuentas es del único tipo de amor en el que puedo sentirme un poco confortable. Del otro, mejor ni hablar.

Alisma dijo...

Hola, Yarko:

¿Sabes? Yo pienso que la desilusión, el no creer, los tropiezos dolorosos o el miedo, no son únicamente por aferrase al concepto arcaico del amor; creo que estos sentimientos envuelven una realidad muchísimo más compleja. Quizá sí sea por aferrarse, pero no sólo al concepto arcaico, es aferrarse a lo que sea, incluso a pensar que el amor tiene que ser volátil, abierto. Lo que ocasiona estos sentimientos, creo, es sencillamente el obstinarse a que nuestro punto de vista es el único válido y que la otra persona está en un error (y no necesariamente es, la persona que se aferra, la que termina desilusionada).

Estoy de acuerdo en que el cariño muere con las presiones (de cualquier tipo). También me quedé pensando en lo que dices acerca de que antes era más fácil conformarse con una casa grande, hijos y mascotas porque no teníamos otros satisfactores; yo creo que es al contrario, es hoy en día, en que tenemos tantos satisfactores, que podemos bloquear y no sentir esa falta de amor porque nuestra vida está llena de “otras cosas” (o al menos eso pensamos), ¿no crees?

¡Vaya que este tema es intenso! Creo que lo añadiría a aquella frase que rezaba: “de política, religión y amor, mejor no hablar”.
Y tú opina todo lo que gustes, siempre es un placer recibir comentarios nutridos.

Un abrazo ;)

Alisma dijo...

Hola, Palomilla:

Claro que no es el único tipo de amor, pero sí es con el que se puede identificar todo mundo (para bien o para mal).

Uy, claro, el amor a los hijos es el más puro e incondicional, tienes razón. Bien valdría una entrada (o una vida entera).

Un abrazo ;)

Cecilia dijo...

Por fin encuentro un momento de silencio para leerte con calma.

Yo creo que el "amor", así en sustantivo, es un concepto tan etéreo, tan vago, una emoción momentánea que tarde o temprano se diluye y desaparece, queda como sólo un recuerdo.

Lo que realmente puede perdurar es el "amar", como verbo, como un conjunto de acciones hechas con decisión, día tras día, construyéndolo y teniendo como base fundamental la aceptación y el respeto.

¿Qué si existe el final de cuento de hadas? No lo sé, pero qué más da, si el futuro es incierto; tal vez, si me concentro en amar hoy, de a uno a uno, la suma de los días al final del tiempo se convierte en ese "para siempre".

Alisma dijo...

"Al final de tiempo, la suma de los días se convertirá en un hasta siempre..."

¡Me encantó!

Un abrazo ;)

Cecilia dijo...

"La suma de los días" es el título de un libro de Isabel Allende (autobiográfico y sumamente entretenido) y me gustó tanto la frase que la repito como un mantra, para recordarme a mi misma que cada día, cada instante, de esos que tu archivas, al final, en conjunto son la vida misma.