¿Sabes? Anoche soñé contigo. Soñé que caminábamos tomados de la mano por un parque; no, no sé bien en dónde era. Estaba el perro ése, el de orejas cansadas, ¿lo recuerdas?, el que venía y jugaba a tu lado… bueno, con ése soñé, pero déjame continuar, estábamos los dos sentados debajo de un árbol muy grande, como ése que está cerca de tu casa, sí, sí, el que tapa tu ventana, ése… bueno, pues ahí estábamos, yo, hablaba y hablaba… sí, raro, ¿verdad?, bueno, pues el caso es que no me callaba hasta que me daba cuenta que tú no habías abierto la boca… no tan raro, ¿verdad?, pues sí, cuando me di cuenta que no hablabas, volteé a verte y tú sólo me mirabas, tus ojos estaban medio cerrados, eran de un color miel tan claro que hasta los brazos se me derretían, sí, sí, se me derretían y no te rías… bueno, pues el caso es que levantabas tu mano y rozabas mi cachete, suave, muy suave, era casi una caricia… sí, casi, porque sólo me rozabas. Después, y aquí no vayas a reírte, ¿eh?, después, despacito, despacito, acercabas mi cara a la tuya y tus ojos besaban mi boca antes que tus labios… te dije que no te rieras… claro, esa frase no es mía, la leí en algún lado, pero te juro que así fue, igualito. ¿Qué pasó después?, pues nada, sólo que fue el beso más maravilloso que me hubieran dado, ¿qué tenía de maravilloso?, pues cómo voy a saberlo, no lo sé, pero cuando me lo diste me puse chinita… la piel no seas tonto, no te digo, por eso no me gusta contarte nada y ya no te voy a decir el final… no, no, ya no te lo voy a contar. Bueno, bueno, te cuento, después de que me besabas, te me quedabas viendo mucho rato, sin decirme nada y yo, claro, de la impresión, pues no te decía nada tampoco, me quedé sin palabras… sí, yo, sin palabras, chistoso. Y bueno eso fue todo, ¿Que qué hacíamos después?, bueno, nada, sólo me abrazabas y así nos quedábamos toda la tarde… sí, sí, toda la tarde, yo me recargaba en tu pecho y tu me abrazabas… bueno, sí, ya sé que tenemos que colgar, está bien… oye, mañana hablamos, ¿quieres? Sí, yo también ya me voy a dormir, adiós… oye… no nada, bueno sí, ¿vas a venir a verme? Te extraño y me gusta verte. Bueno, ya tengo que colgar que la enfermera no me quita la vista de encima, ya me dio mi pastilla, sí, ésa que hace que sienta la cabeza como ladrillo y me despierte hasta que el sol me da en la cara… pues dicen que ya estoy mejor y que ya no volverán a visitarme mis amigos, sí, los que te conté y que dicen que sólo yo veo. ¿Sabes?, ellos también me hablan como tú, aunque ellos no me abrazan… bueno, ahora sí ya hay que colgar, sí, adiós… oye…
Ana, Ana, ya dame la bocina… No, no, déjame otro ratito, él no ha colgado y sólo quiero decirle otra cosa más… Ana, suelta la bocina, por favor… No… Dámela, Ana. Así, gracias, ¿ves? No hay nadie en la línea, Ana. Este teléfono tiene mucho tiempo sin funcionar…