Letras



Siempre busco en las letras el reflejo de los días y, aún así, existen horas que se me pierden.

Quisiera




Si me fuera permitido pedir algo, desearía guardar mis recuerdos en pequeñas botellas cristalinas, para así beber de ellas, cuando los momentos se estén diluyendo.

Alisma de León
Agosto del 2009

Una luz brillante


“Up in the air” (o “Amor en el aire” como se tradujo al español y que, personalmente, creo que es un título erróneo, yendo más allá de que es una traducción literalmente incorrecta) es quizá una de las mejores películas que he visto en las últimas semanas.

Aborda uno de los paradigmas del hombre moderno; ese hombre con largas jornadas de trabajo y que está convencido de que lo mejor para salir adelante es luchar sin echar raíces. Disfrutando de plena libertad.

Es la historia de un ejecutivo soltero, maduro, cuya vida transcurre entre aviones, con relaciones interpersonales mínimas y que, repentinamente, se encuentra frente a un momento que quiebra la vía por la que se desliza, obligándolo a reevaluar todo aquello en lo que cree.

Una película que me hizo plantearme varias interrogantes:

¿Qué somos para los demás? ¿Qué son los demás para nosotros? ¿Un punto final o sólo un paréntesis? ¿Somos capaces de formar relaciones tan firmes, compromisos tan fuertes, que nos permitan ser parte de una constelación o tendremos que conformarnos con ser una luz brillante, pero solitaria, en el firmamento?

A mi parecer, muy recomendable…


Una nena terrible

"Después de leer a Mafalda me di cuenta de que
lo que te aproxima más a la felicidad es la quinoterapia".
Gabriel García Márquez



Si pudiera parecerme al personaje de alguna tira cómica ése sería Mafalda.

Entró a mi mundo –o yo al suyo- cuando aún era muy pequeña para entenderla, pero cada reflexión me parecía, incluso entonces, de un magnetismo sorprendente. Con la edad, adopté su estandarte en muchas ocasiones. Me impresionaba su capacidad de análisis, su claridad de pensamiento y, por encima de todo, admiraba su picante sentido del humor.

Mafalda, un personaje maravillosamente crítico, tocó el feminismo, la igualdad social, el psicoanálisis, el sexo, la guerra de Vietnam, la libertad y reflexionó acerca de los problemas cotidianos a los que se enfrenta la humanidad (esa falta de tiempo, de conciencia, de “dejar para mañana lo que podemos hacer hoy”). Era también admiradora de los Beatles y enemiga vehemente de la sopa.

Pero no estaba sola, la acompañaban en sus deliberaciones: Manolito, Susanita, Miguelito, Felipe y Guille; juntos nos mostraban la realidad de un mundo que no ha cambiado demasiado de aquellos años a la fecha.

El 25 de junio de 1973 fue la última vez que Mafalda y sus amigos nos iluminaron con sus ideas.

La última tira cómica presentaba a una Mafalda sonriente, disfrutando de un sueño en el que el mundo entero era una gran manifestación, en ese mismo sueño, aparece Susanita diciéndole: “Tarada, ¿tenés pesadillas y encima te reís?”.

Un personaje que demostró la importancia de intentar ver un poco más allá de la superficie.


Do, re, mi… propósito.




Hace un año, justo en esta fecha, decidí que en el 2009 me dedicaría a buscar el verdadero significado de la felicidad; ¿lo encontré? Días sí, días no, pero la busqué, y eso es fue lo importante.

Estas primeras semanas estuve pensando -sin buenos resultados- cuál sería mi búsqueda de este 2010. Cuando estaba a punto de claudicar, recordé algo que me hizo replantearme la cuestión.

El 31 de Diciembre, como es costumbre, justo a las doce, le marqué a una gran amiga para felicitarla. Al desearle un muy buen 2010, ella me dio, sin saberlo, la luz para este año.

Su deseo me pareció increíble y lo volví mi propósito; lo encontré fenomenal porque:

1. No es en realidad un propósito.
2. No tiene como objetivo que cumpla o no una meta.
3. Es imposible que yo misma lo rompa (aunque esto no deja de lado la posibilidad de que no se lleve a cabo).

Lo que me dijo fue:

“Deja que el 2010 te sorprenda"... y eso pienso hacer.


La Era de los Regatos



Breve explicación de lo que se publica a continuación:

Este fue un ejercicio en el cual la indicación era que, en base a un prefijo y la palabra “gato”, se creara un personaje fantástico. Yo tuve la genial ocurrencia de escoger el prefijo “re”, que al unirse a “gato”, formó “regato”.

Después de superar la risa que me generó la palabra, inicié el texto. Aclaro que no es una historia, es sólo el principio, o lo que es lo mismo, el prefacio de una historia que les dejo esta noche para que la completen en sus sueños (claro, y que luego me la platiquen enterita, ¿eh? Nada es gratis en esta vida…).
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Año 3400.

La tierra ha sido destruida. No se escucha ninguna pisada que perturbe la calma. Ni una sola. Hasta este día en que él, después de ocho meses bajo la tierra, alimentándose de escombros y restos humanos, ha decidido salir a la superficie.

El sol le golpea la cara y sus ojos sufren la agonía de la claridad. Cuando su mirada logra acostumbrarse a la luz, empieza a observar su entorno. No hay casas, sólo espacios desérticos adornados por los troncos de algunos árboles que se alzan desafiantes. Al acercarse a ellos distingue unas líneas rasgadas. Se inclina y con sus manos dibuja los relieves; son marcas de gatos. Desvía la mirada y nota que encima de cada una de ellas está escrita la palabra “Re”. Examina a su alrededor y detecta más imágenes similares. Su mente empieza a unir palabras y símbolos. Realiza un repaso de los significados que conoce del prefijo y sólo recuerda repetición.

Sigue su camino hasta llegar al corazón de la ciudad. Algo que observa lo detiene de golpe. Frente a él se levantan las ruinas de su civilización. Se aproxima y nota que los pocos edificios muertos que aún proclaman su existencia están repletos de las mismas marcas. Continúa su marcha. En la pared de lo que fuera la biblioteca ve de nuevo los rasguños, pero esta vez detecta una pequeña variante. Encima de ellos se alcanza a entender: “Regato”. Una serie de palabras empiezan a inundarlo: repetir, intensificar, oposición, gato… todas ellas se conjugan intentando seguir el ritmo de la melodía que se forma en su cabeza. Sigue caminando. Las palabras luchan entre ellas por prevalecer y unirse a la imagen de los rasguños en un solo significado… oposición, gato, mirada, repetir. Una imagen lo golpea y empieza a correr. Lo recuerda todo. El día que los enfrentaron y robaron sus conciencias, cuando les pidieron que se rindieran y ellos se rehusaron… oposición, gato, intensificar: Regatos.

Su mente asocia los rasguños con las frases no pronunciadas de unos ojos verdes. Unos ojos que arrancan soplos de vida a quienes se rehúsan a someterse. Ahora lo entiende. Corre a la biblioteca. Necesita papel y lápiz para escribir lo que acaba de recordar. No puede ser el único en toda la tierra. Alguien ha escrito esas palabras sobre los rasguños. Alguien más debe haber sobrevivido. Encuentra lo que busca y empieza a escribir:

“Protégete de los felinos. Retira tu mirada de sus ojos, con ellos perforan tu conciencia y roban tu alma. Salen de las paredes. Permanecer debajo de la tierra puede ser la solución; parecen ser incapaces de subsistir ahí, de alguna forma han perdido su capacidad de ver en la oscuridad.”

Después de escribirlo, sale del lugar. Coloca el papel en la pared con la esperanza de que sea visto por alguien. Sus ojos confrontan la mirada felina que permanece clavada en su mente. Sabe que existe la posibilidad de que sea el último humano que queda sobre la tierra, el único sobreviviente en esta nueva era: La Era de los Regatos.

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Regatos: Gatos que han intensificado sus características absorbiendo el alma de los seres humanos. Son muy veloces, sus uñas son cien veces más filosas de lo normal, sus ojos son de un verde esmeralda que se acentúa cuando su presa está a la vista. Nunca cazan juntos, buscan la oportunidad de manera aislada. Son silenciosos, no maúllan. Como una manera de establecer contacto con los de su especie dejan su marca (rasguño) en los lugares en los que han estado. Viven dentro de las paredes, tal como si los hubieran embalsamado; por esta razón no es fácil encontrarlos. A la pared que escogen de vivienda le hacen, a base de rasguños, pequeñas perforaciones que permiten que entre la luz externa. Quebrantar el espíritu de los humanos les costó su capacidad para ver en la oscuridad, esto los deja ciegos justo cuando necesitan una luz que los guíe. Los hombres se enfrentan a los regatos en una lucha en la cual la humanidad pierde y los deja como los únicos habitantes sobre la tierra… o al menos eso piensan.

Érase que se era


A las nueve tengo que estar lista. María me estira el cabello, recio, muy recio. No debe haber un solo cabello fuera de su lugar. Mis ojos se hacen chinitos y el chongo queda bien hecho. ¿Ya estás lista?, grita mamá desde la puerta. ¿Ya, María?, le pregunto. Agarro mi libro de cuentos y corro por las escaleras para no hacerla esperar. ¿A dónde vamos hoy? Vamos a visitar a tu tío Enrique. Presiono el libro a mi pecho, ¿no podemos ir al cine? No, tengo que ir a ver a tu tío.

Me subo al carro y me hundo en el asiento. Abro el libro, paso una hoja, dos, me salto todo el primer cuento. “Blancanieves” ya no me gusta mucho. La bruja que se mira al espejo, la manzana envenenada, el príncipe azul que llega a salvar a la princesa; esa historia ya no me importa.

Ahora leo el de los cochinitos.

Son tres hermanos y el cuento dice que hacen sus casas para protegerse del lobo. El primero es flojo y la hace de paja. El lobo con sólo soplar, la puede destruir y se lo comerá. El segundo la hace de madera, pero no es fuerte; no lo suficiente. El tercero…

Deja el libro, ya llegamos.

Vuelvo la mirada al cuento. El tercer cochinito, que es muy trabajador, la hace resistente. Veo la casa de mis tíos: es de ladrillos. Se parece un poco a la de ese cochinito, sólo que ésta tiene más cuartos; no sé cuántos más, porque yo casi siempre estoy en uno preparado especialmente para mí.

Observo al lobo. En el dibujo del libro es peludo, tiene uñas largas y un hocico muy grande; yo pienso que el cuerpo del lobo no es tan peludo y sus manos no tienen uñas largas, pero sí son duras; el cuento se equivoca.

Deja el libro, cuando lleguemos podrás ir al cuarto y jugar con las muñecas que te compró tu tío.

El lobo tiene ojos claros, parece bueno. Huele a agua de colonia, como la que tiene papá en su cuarto; el lobo trae regalos y canta, Twinkle, twinkle, little star, how I wonder what you are… y se acerca, up above the world so high, like a diamond in the sky

El cuento se equivoca.

Bajo del carro y camino detrás de mamá. Llegamos a la puerta, toca el timbre y me pego aún más a su falda. Se oye que quitan la llave.

Mamá no lo sabe, pero en esta casa resistente, cuando la puerta se abre, el lobo te come.